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Monthly Archives: enero 2015

Rudolph Castro invited me to his workshop weeks before the inauguration. I had been lucky enough to follow the process of SIXTY-TWO HOURS OF TRAVEL AND FIFTY NINE YEARS IN THE SOUTH: from research and complex travel itineraries to the search for victims of Operation Condor abroad. Also doubts that these projects often bring under his arm and excitement that every advance meant to him. Throughout the process I noticed journalistic rigor and great human sensitivity to the issue. Two ingredients that unfortunately are not often together.

That morning in the shop, I could finally see the portraits of the victims interviewed by Rudolph in Argentina, Chile and Paraguay. Painted faces that look of shock, sadness, mild anger or something I cannot think of better comparison with a candle that was once lit, and no longer.

In this docile presentation of the victims dashed strokes, you could glimpse something extremely violent that had to do with some technical drawing. Then I asked about those strokes that created gaps as small ray of light on the faces of the victims. The answer was innocent but had a powerful dramatic charge. “I draw with the eraser”.

It could be a trick of the subconscious that Rudolph has always been interested in victims of terrorism, military or the dictatorships; and at the pair has found an ally in the draft to work his works.

With the draft he portrayed people who had been removed by the military. Or that, to the best of their luck, had suffered from the attempt to be. It was curious that he, with his portraits, used the draft to show that space left by people when they are not where they should. No to correct, but for the record.

It’s funny, because while the military dictatorships of Operation Condor used weapons to try to erase lives without leaving any traces, Rudolph used the draft as a weapon to demonstrate that these weapons leave emptyness. In any case, anywhere in the world no weapon can erase the memory. But, although sadly, only feed it.

Eduardo Cornejo / Journalist

 

Rudolph Castro me invitó a su taller semanas antes de la inauguración. Había tenido la suerte de seguir el proceso de SESENTA Y DOS HORAS DE VIAJE, CINCUENTA Y NUEVE AÑOS EN EL SUR: desde la investigación y sus complejos itinerarios de viaje hasta la búsqueda de las víctimas del Plan Cóndor en el extranjero. También las dudas que estos proyectos suelen traer bajo el brazo y la emoción que cada avance significaba para él. En todo el proceso noté rigurosidad periodística y mucha sensibilidad humana frente al tema. Dos ingredientes que lamentablemente no suelen verse juntos.

Esa mañana en el taller, por fin pude ver los retratos de las víctimas que Rudolph entrevistó en Argentina, Chile y Paraguay. Rostros que pintaban esa mirada de susto, tristeza, mansa indignación o algo que no se me ocurre comparar mejor que con una vela que alguna vez estuvo encendida, y ya no.

En esa dócil presentación de las víctimas a trazos de carbón, se entreveía algo sumamente violento que tenía que ver con alguna técnica de dibujo. Pregunté entonces por esos trazos que creaban vacíos como pequeños rayos de luz sobre los rostros de las víctimas. La respuesta fue inocente, pero tuvo una potente carga dramática. “Yo dibujo con el borrador”.

Podía ser unas travesura del subconsciente que Rudolph siempre se haya interesado por las víctimas del terrorismo, los militares o las dictaduras; y a la par haya encontrado en el borrador un aliado para trabajar sus obras.

Con el borrador retrataba a gente que había sido borrada por militares. O que, en la mejor de sus suertes, había padecido del intento de serlo. Era curioso que él, con sus retratos, usara el borrador para mostrar ese espacio que dejan las personas cuando ya no están donde deberían. No para corregir, sino para dejar constancia.

Es curioso, porque mientras las dictaduras militares del Plan Cóndor usaban armas para intentar borrar vidas sin dejar huellas, Rudolph usaba el borrador como arma para evidenciar el vacío que estas dejan. En todo caso, en ninguna parte del mundo ningún arma puede borrar la memoria. Sino, aunque tristemente, solamente alimentarla.

Eduardo Cornejo / Periodista


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